jueves, 8 de noviembre de 2012

¡Tu adversario, como león rugiente, pretende derrotarte!

 
Jueves 8 de Noviembre de 2011.
¡Aunque lo intenten mil veces, no pueden, ni podrán, derrotarte!
Por Riqui Ricón*
A no haber estado Jehová por nosotros, Diga ahora Israel; A no haber estado Jehová por nosotros, Cuando se levantaron contra nosotros los hombres, Vivos nos habrían tragado entonces, Cuando se encendió su furor contra nosotros. Entonces nos habrían inundado las aguas; Sobre nuestra alma hubiera pasado el torrente; Hubieran entonces pasado sobre nuestra alma las aguas impetuosas. Bendito sea Jehová, Que no nos dio por presa a los dientes de ellos. Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores; Se rompió el lazo, y escapamos nosotros. Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, Que hizo el cielo y la tierra (Sal 124).
Que hermoso es saber que Dios es tu amparo y tu fortaleza, tu pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temerás, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar. ¡Aún en medio de las aflicciones Dios te guarda en completa paz!
Así es, amado(a), por más difícil y amenazante que se presente las circunstancias del día de hoy, tienes la Palabra de Honor de Dios que Él te guarda y el maligno no te toca. Pasarás por las aguas y Él estará contigo; los ríos no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemará, ni la llama arderá en ti.
¿Por qué haría el Señor eso? Por Amor a ti. Ahora, en Cristo Jesús, tú eres su Hija(o) amada(o) y Él es tu Padre.
¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mat 7.9-11).
Él es tu Padre, tu Papá y Él es bueno.
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.32).
El asunto con el espíritu de temor es que te empuja a poner tu atención, pensamientos y emociones en las circunstancias, en lo grande, difícil y atemorizante del problema (valga la redundancia). Así logra anular tu fe haciéndote dudar para que llegues a pensar, y a creer, que la Palabra de Dios no funcionará en esta ocasión.
El miedo y el temor siempre tratarán de poner en tu mente y corazón la duda e incredulidad a la Palabra de Dios.
Lo bueno es que tú no eres de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma (He 10.39); sino que, estando persuadidos de esto, que el que comenzó en nosotros la buena obra, el Espíritu Santo, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil 1.6).
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Ro 8.15).
Lo más asombroso de ser un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo es que también tienes la victoria sobre la culpa y la condenación que tanto te han avergonzado. Esto es así porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Ro 8.2), y ahora puedes acercarte confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (He 4.16). Pues, Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Jn 1.9).
Es, precisamente, porque AHORA ERES un(a) Hijo(a) de Dios NACIDO(A) DE NUEVO que tú has sido creado(a) según Dios en justicia y santidad de la verdad (Efe 4.24). Tu vieja naturaleza, carnal y pecadora, murió juntamente con Jesucristo en esa cruz. No tienes que luchar contra ella para vencerla. ¡Ya está vencida! ¡Está muerta! A menos, claro, que creas a esa vocecita que te quiere convencer (en contra de la Palabra de Dios), que sigues siendo la misma persona que antes eras.
¡No! ¡Nada de eso! Amado(a), la única Verdad es que tú eres lo que Dios dice en Su Palabra que eres: un(a) Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo no de simiente corruptible sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1 P 1.23).
Es por esto que ninguno de tus enemigos te podrá tragar vivo(a). Lo intentarán pero jamás lo conseguirán.
Oremos en voz audible:
Amado Padre celestial, dichosa(o) es el hombre o la mujer que pueden confiar en Ti. Y yo, amado Dios, confío plena y totalmente en Tu Palabra. Por lo tanto, no admitiré en mi vida pensamientos, ni palabras, de fracaso, ni de derrota. Señor Jesús, te confieso y me arrepiento de todos mis pecados y recibo Tu perdón y Tu limpieza. En Tu Palabra, la Biblia, he conocido y creído el Amor que me tienes. ¡Gracias, Señor! Por Ti, todo lo puedo y en TODAS las cosas soy más que vencedor(a). Tú eres mi guardador y nada, ni nadie, me pueden separar de Tu Amor. Así que, recibo el perdón de mis pecados de la misma forma que recibo mi sanidad y prosperidad. Tú Palabra es la Verdad y soy libre para vivir esa vida plena y abundante que compraste para mí al morir en la cruz pagando TODOS mis pecados y resucitar de la muerte para darme Vida Eterna. No le daré lugar al temor, ni a la duda, pues estoy destinado a ser dichosa(o), mil veces feliz. ¡Caerán a mil lado mil y diez mil a mi diestra, mas a mí no llegará! Amado Jesús, por lo que hiciste por mí, no recibo ninguna condenación pues yo no vivo conforme con mi carne sino conforme a Tu Espíritu. ¡Soy justo(a)! ¡Soy justicia de Dios! Así que reclamo el derecho divino que tengo para vivir una vida dichosa y plena. Resisto a la angustia, al temor, a la enfermedad, a la pobreza, a la amargura, a la soledad y a toda depresión. En el nombre Poderoso de Cristo Jesús, yo _________ (tu nombre aquí) le llamo al gozo, a la paz, a la salud, a la prosperidad, a la libertad para vivir una vida plena y abundante. Gracias, Señor Jesús, Tú lo hiciste todo por mí. ¡Lo creo y lo recibo! ¡Es mío! ¡Es mi derecho en toda justicia! No voy a dejar que nada ni nadie me robe lo que Tú compraste para mí a tan gran precio. Por lo tanto, acepto y recibo mi victoria sobre el pecado y sus consecuencias como la enfermedad, pobreza, depresión, temor y angustia. ¡Soy libre de todos ellos! ¡Soy sano(a)! ¡Soy libre! ¡Soy próspero! ¡Soy dichoso(a)! ¡Soy Hijo(a) de Dios Nacido(a) de Nuevo! Voy a terminar este año en victoria. Estaré arriba y no más abajo. Me va ir bien este año. En el nombre de Jesús. Amén.
*Ricardo C. Peredo Jaime   © 2011
 

Lectura y Meditación de la Palabra de Dios
Haz estas lecturas diarias y al final de un año habrás leído toda la Biblia.
Noviembre 8                          2 Tim 4  /  Jer 11-12/  Sal 124
 


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